Los oratorianos de Don Bosco

Eco de los Andes

En el Oratorio de los Andes se reza, se canta, se juega y se come. Es un camino en el que se enseña el entusiasmo y el sacrificio –la conmoción por los pobres–, a defender a Dios en la vida.

Este camino se inicia con la Primera Comunión. Durante tres años los niños forman parte del Oratorio Menor, donde aprenden a estar juntos en sana alegría, se nutren del catecismo y comienzan a ayudar a los más pobres con trabajos sencillos (llevar víveres, limpiar la casa, recoger leña).

Después de este periodo reciben la Confirmación y entran a formar parte del Oratorio Mayor. El empeño más serio es practicar la caridad con los más pobres, construyéndoles su casa, unas 20 al año. Para poder comprar el material (tejas, madera, puertas, etc.) se ha iniciado la aventura de los Refugios para Andinistas sobre la Cordillera Blanca, donde los oratorianos han construido tres: Pisco, Ishinca y Huascarán. En este último año están realizando la construcción del refugio cerca del nevado Contrahierbas, por la Punta Olímpica, trabajo que deberá estar culminado a inicios del 2010. Todo lo recaudado en los refugios se destina a la construcción de casas para los más pobres. A la fecha se han construido más de 2,000 viviendas.

En las vacaciones de enero, febrero y marzo los oratorianos tienen la posibilidad de trabajar recibiendo una recompensa en víveres y en dinero. En efecto, los chicos se dedican a la forestación y las niñas al trabajo de costura y bordado asistidas por su catequista. El oratorio es como un río de muchachos formado por pequeños afluentes que bajan cantando por la cordillera.

Una experiencia singular
Observar de cerca este maravilloso fenómeno de los oratorianos en la misa dominical es todo un espectáculo: cantan, bailan, juegan y hacen teatro. Un canto de ellos dice, por ejemplo: “Con los nevados Huandoy, Huascarán y Pisco la tele no tiene sitio…”, que es un mensaje para todos aquellos que pierden el tiempo obnubilados por la “caja boba” y se olvidan de dar y compartir.

Una mañana, dispuestos a partir hacia Wacramarca para observar el recorrido y los escenarios que el potencial turista puede disfrutar, nos encontramos con una vivencia única: al llegar al cruce del puente pasando la comunidad de Huallin y antes de iniciar el ascenso a Wacramarca, apreciamos una rústica cabaña con unas filas de piedra simulando hileras de carpetas. Estaban allí los niños y jóvenes sentados orando con su catequista antes de iniciar la jornada. Nos invadió el asombro y la admiración ante el cuadro que nuestros ojos presenciaban. Era conmovedor ver la emoción y sensibilidad que los jóvenes ponían a sus oraciones y cantos antes de iniciar sus labores.

Reforestación en Chacas
Cuando el catequista nos contó que la labor de los jóvenes era la de iniciar muy temprano la plantación de los árboles en las laderas de los cerros que circundan Chacas, nos sentimos como en otro mundo. Todos tienen una misión debidamente organizada: están divididos en grupo como una gran fuerza de ventas, pero en este caso una fuerza a favor de la naturaleza y del medio ambiente. Existe un planning, es decir un cronograma, de cuántos árboles se deben plantar en la semana y en toda la temporada. Los grupos están también divididos por las especies o tipo de árboles que se deben colocar entre alisos, pinos, nogales, cipreses, tara, sauco, molle y aliso.

Se trata de una labor que los niños y jóvenes realizan con mucho amor y compromiso con la naturaleza, valores que en las grandes ciudades son prácticamente inexistentes. Los jóvenes oratorianos de Chacas tienen mucho que enseñar y ofrecer, lecciones de vida que todos debemos aprender. Si usted viaja entre enero y marzo podrá apreciar el trabajo organizado de los oratorianos. De seguro que muchas teorías de gestión administrativa como la del trabajo en equipo y resultado por objetivos verán en este modelo la mejor expresión concreta de lo que los académicos proponen.

Imágenes de la experiencia:

Los arbustos próximos a convertirse en frondosos árboles dan paso al camino para llegar a la cima de la historia con Wacramarca.

 

Plan y objetivos que se deben cumplir donde se enuncian los número de plantones, disciplina, refrigerio y juego para el descanso después de la faena.

Pequeños arbustos que cada temporada van creciendo y llenando de verde vida las laderas de las montañas que circundan Chacas.

Cristo en el altar de piedras donde los jóvenes reciben místicamente las fuerzas y amor para esta labor.

El acceso se vuelve más fácil cuando uno va observando en cada paso la belleza del paisaje.

Jóvenes oratorianos descansando y disfrutando de la labor realizada en el “salón de clases”.

Momento de la oración.

Pequeños arbustos que cada temporada van creciendo y llenando de verde vida las laderas de las montañas que circundan Chacas.

* Extracto de la memoria del padre Ugo de Censi (2000) y experiencia del equipo técnico de Turismo en el trabajo de exploración de los recursos turísticos de Chacas, enero de 2009.”

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